La sangre no llego al rio, por ahora 
Como habrán leído al comienzo del post anterior a este, con mi hermana habíamos arreglado que después de la compra del nuevo arbolito nos calzábamos el traje de mucamitas y empezábamos a limpiar la casa.
Después de soportar el menosprecio a mi arbolito, me puse mi set de limpieza (short de jean viejo, ojotas y una remera que me gane en una promoción de Coto) e hice mi entrada triunfal al comedor con un balde en una mano y el plumero en la otra esperando que allí estén mi madre o mi hermana comenzando a limpiar.
Pindonga! no solo que no fueron capaces de levantar las sillas para barrer, si no que ambas se habían retirado a sus aposentos reales a dormir una pequeña siesta dejándome con todo el laburo a mi. Igualmente debo decir en defensa de las susochidas que a la hora de limpiar funciono mejor estando en soledad que acompañado.
Después de bajarme 3 litros de te de tilo para bajar un poco los nervios, empecé el proceso de desmugrar la casa. No es que estaba echo un caos, si no que la suma de tener unos vecinos que no tienen vereda mas un árbol de tilo que pierde una especie de pelusa amarrilla mas el viento mas el ir y venir a la obra en construcción en la vereda de enfrente hacen que el polvo aparezca por el living de mi casa mas veces que Nazarena Vélez en los programas de la tarde.
Así que mientras mi madre y hermana se entregaban a los brazos de Morfeo yo me entregaba a los brazos de Ayudin, Cif y Gloucot. En medio de todo este traqueteo aparece con un ataque de mariconitis aguda mi perra que se encapricho en no moverse de al lado mió, lo que hacia que todo sea el doble de complicado.
Cuatro de la tarde y la Reina Madre se despierta. Apenas vio mi cara de ¨en cualquier momento me agarra un brote psicotico¨ se pone las pilas y me ayuda un poco. Igualmente a esa hora ya había limpiado el 70% de mi casa, así que lo único que tuvo que hacer fue bajar las sillas del comedor, prender el lavarropas, pasar una gamuza en los muebles y poner la pava para el mate por que justo había llegado mi viejo del laburo, que gracias a Dios, la Virgen y todos los santos, no tuvo ganas de cruzar a ver los avances de la obra y traer en cada zapato 20 kilos de cemento, cal y arena que terminarían desparramados por todo el piso.
Gracias a Dios la siesta y la ducha le sentaron bien. No solo que no insinuó nada sobre mi atuendo si no que movió el culo hasta el escritorio buscando papel y lápiz para hacer la lista de compras del supermercado!
Yo quede en estado de shock durante varios minutos, de los cuales no recuerdo que paso. Reaccione cuando escuche que se iban al súper a hacer las compras, momento en el cual aproveche para buscar en el garage la hidrolavadora que mi viejo uso solo una vez desde que la compro y por ende esta juntando tierra junto a una puerta mosquitero que no sirve mas, 2 canillas a las cuales le falta casi todo pero que mi viejo guarda por las dudas.
Bueno, para hacerla corta y no irme por las ramas cual mono del zoológico, enchufe la maquina y hidrolave (se dice así?) todo el patio. Desde las paredes hasta las tejas del techo del lavadero. La parrilla, que tiene exactamente mi edad por que la trajeron el día en que yo nací, parecía recién salida de fábrica. En las paredes no había marcas de de los saltos que pegaba mi perra cuando escuchaba que pasaba un gato. Por fin la casa brillaba como un zapato de Cenicienta.
Solo la casa, por que yo estaba ideal para ir a pedir limosna en la estacion de trenes.